Luego de la Chardonnay es la variedad más fina. Se prefiere cosecharla no muy madura para conservar su acidez, la que le confiere particular sequedad.
El origen de la cepa es también Francia; se la cultiva en el Loire, en el Bordelais y en el sudoeste de la tierra gala. Suele adquirir un dejo ahumado muy apetecible. Además se detectan perfumes a cassis, valeriana y algo de almizcle. También suele presentar lo que los franceses llaman “pierre à fusil”, que es el olor que produce la yesca al surgir la chispa que generará el fuego.
Este antiguo cepaje ha sido poco desarrollado en Argentina, debido a su peculiar comportamiento vegetativo. En los últimos años ha gozado de una importante expansión de su cultivo. Con un buen manejo del viñedo logra desplegar sus intensos aromas de tipo salvaje que recuerdan a los vegetales, la clorofila y los cítricos. En otros casos, puede desarrollar aromas a frutas blancas.
Información proporcionada por los ingenieros agrónomos Alberto Alcalde y José Rodríguez, y por Wines of Argentina. Fotos extraídas de ‘The World Atlas of Wine’ by Hugh Johnson and Jancis Robinson.